
Hasta la persona más pesimista del mundo ha había algún día en su vida en el que ha cambiado de opinión, y ha pensado que por una vez en su vida todo iba a salir bien, que estaba seguro de que nada podría salir mal ahora que tenía a esa persona a su lado.
Hasta la persona más pesimista a llegado a creer estar subido en una nube, la cual le llevaría hasta las estrellas y desde allí podría contemplar a todos los demás sintiendo superior, seguro de sí mismo, sin miedo a nada.
Todos alguna vez hemos sentido en nuestra vida ese momento en el que si alguien te dijera de saltar por un precipicio lo harías, sin pensarlo siquiera, sin mirar si esta bien o mal, simplemente lo harías.
Pero al igual que el más pesimista ha pensado alguna vez que nada va a salir mal, también se habrá dado cuenta de que la realidad es bien distinta. Y que si un día piensas que nada puede salir mal, al día siguiente no sabes ni si tu corazón va a dar el siguiente latido, si tus pulmones volverán a coger aire y si tu cabeza...de la cabeza ya mejor ni hablar. Esa cabeza que sigue pensando y pensando, esa cabeza que por mucho que quieras no puede olvidar, y que si por algún momento has pensado que sí, una mínima cosa vendrá y te lo volverá a recordar, haciendo así que el dolor sea todavía más intenso.
Y después de darse cuenta de como son las cosas verdaderamente vuelve a su pensamiento pesimista, donde todo siempre sale mal y donde con esa mentalidad, posiblemente consiga pocas cosas.
Y es que no se puede pensar que un día no tienes nada y que al día siguiente lo tienes todo, por que todo lo que sube tiene que bajar.
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