
Amanece un nuevo día, y al igual que todos los demás sientes como si no tuvieras nada que hacer, sigues sin dormir por las noches, pensando en algo que sabes que jamás llegará; intentas no pensar en eso y das un salto de la cama.
Te diriges al baño donde te dispones a darte una ducha para despejarte, y quizás olvidar eso que no puedes sacar de tu cabeza, pero en la soledad del baño no puedes pensar en otra cosa.
Ahora toca intentar centrarse y ponerse a estudiar, puesto que es época de exámenes. Abres los apuntes y empiezas a leer, pero de repente tu mente ya no está ahí, tardas un momento en darte cuenta de que no estás haciendo lo que debes, que estas recordando cosas que quizás nunca volverán a suceder.
Tan pronto te das cuenta te das una bofetada, tal vez intentando que esto no vuelva a suceder.
Pero sucede una y otra vez, y ya lo das por imposible, no hay nada que hacer, no puedes controlarlo.
Te levantas de la mesa esperando que al rato puedas centrarte, que pobre iluso estás hecho, hasta tu sabes que no sucederá.
Pasa la mañana y la tarde y nada ha cambiado desde que te levantaste y te empiezas a preguntar si ya no es suficiente castigo el haber perdido lo que más querías que además te sigue en todo momento como si fuera tu sombra.
Ahora cae la noche y vuelve a empezar otra batalla, pero eso ya es otra historia...
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